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Déficit en la Atención/Hiperactividad

 

Trastorno por Déficit en la Atención con o sin Hiperactividad

 

Es un trastorno neurológico del comportamiento caracterizado por distracción moderada a severa, períodos de atención breve, inquietud motora, inestabilidad emocional y conductas impulsivas.

 

El problema del niño hiperactivo constituye una de las alteraciones más frecuentes dentro de las enfermedades neuropsiquiátricas infantiles.

 

La incidencia se ha calculado en 4 a 6% de la población escolar y afecta a más niños que niñas en proporción de 2.5:1

 

Los síntomas básicos se caracterizan por signos de desarrollo inadecuado como falta de atención, impulsividad e hiperactividad.

 

Falta de atención:

A menudo no puede acabar las cosas que empieza

A menudo parece no escuchar.

Se distrae con facilidad.

Tiene dificultad para concentrarse en el trabajo escolar o en tareas que exigen una atención sostenida.

Tiene dificultad para concentrarse en el juego.

 

Hiperactividad:

Corre de un lado para otro en exceso o se sube a los muebles.

Le cuesta mucho quedarse quieto en un sitio o se mueve excesivamente.

Le cuesta estar sentado.

Se mueve mucho durante el sueño.

Está siempre “en marcha” o actúa “como si lo moviese un motor”

 

Impulsividad:

A menudo actúa antes de pensar.

Cambia con excesiva frecuencia de una actividad a otra.

Tiene dificultad para organizarse en el trabajo.

Necesita supervisión constantemente.

Hay que llamarle la atención en casa y escuela constantemente.

Le cuesta trabajo aguardar turno en los juegos o en las situaciones grupales.

 

El conjunto de síntomas anteriores corresponde a niños de 8 a 10 años. En los niños más pequeños suele haber síntomas más graves y numerosos que son más difíciles de observar. Lo contrario ocurre en los mayores.

 
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Problemas de aprendizaje

Los problemas de aprendizaje escolares alteran y dificultan la manera en la que un  alumno aprende; no puede entender, recordar o responder en la misma forma que los demás niños de su edad; se ve afectada su velocidad de ejecución en las tareas, la capacidad de leer o la capacidad de comprender lo que lee; lo mismo sucede con el análisis y la resolución de problemas matemáticos.

 

Los problemas de aprendizaje frecuentemente se confunden con síntomas de TDA/H.

Los medicamentos rara vez tienen un efecto positivo sobre los problemas de aprendizaje.

Entre los problemas de aprendizaje más diagnosticado se encuentran:

  • Dislexia: dificultad para leer; es común que confundan la letra “b” con la “d”, el número “6” con el “9” y que confundan otros tipos de palabras.

  • Disgrafía: se define como la dificultad para escribir; palabras ilegibles o mal escritas y problemas de la percepción espacial que afectan la distribución de lo escrito en la hoja de papel.

  • Discalculia: dificultad para hacer cálculos matemáticos; problemas par hacer cálculos mentales y dificultad en la comprensión de conceptos básicos

 
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Trastornos de conducta

 

Estos trastornos se caracterizan por un patrón persistente y repetitivo de comportamientos, en los cuales destaca la constante violación a los derechos fundamentales de los demás. El individuo quebranta una y otra vez las normas y reglas sociales aun cuando estas le son claras y fáciles de observar de acuerdo con su edad y desarrollo.

Se trata de comportamientos graves que no pueden ser calificados como travesuras o picardías típicas de niños y adolescentes.

  • A menudo acosa, amenaza o intimada a otros.

  • A menudo inicia peleas.

  • Ha usado un arma u objetos que pueden provocar serios daños a terceros

  • Ha ejercido crueldad física contra personas.

  • Ha ejercido crueldad física contra animales.

  • Ha robado enfrentándose a una víctima

  • Ha prendido fuego deliberadamente con la intención de provocar daños graves.

  • Ha destruido deliberadamente la propiedad de alguien

  • Ha invadido la casa, edificio o automóvil de alguien.

  • A menudo miente para obtener objetos o favores, o para evitar obligaciones

  • A menudo sale por la noche a pesar de la prohibición de sus padres

  • Ha pasado noches fuera de casa sin permiso.

  • A menudo falta en la escuela.

 

Trastorno negativista desafiante

Patrón de conductas de enfado e irritabilidad, discusiones frecuentes con actitud desafiante y en ocasiones presenta una conducta vengativa

  • A menudo pierde la calma.

  • A menudo está susceptible o se molesta con facilidad.

  • A menudo está enfadado y resentido.

  • Discute a menudo con la autoridad o con los adultos, en el caso de los niños y los adolescentes.

  • A menudo desafía activamente o rechaza satisfacer la petición por parte de figuras de autoridad o normas.

  • A menudo molesta a los demás deliberadamente.

  • A menudo culpa a los demás por sus errores o su mal comportamiento.

  • Ha sido rencoroso o vengativo

 

Este trastorno del comportamiento va asociado a un malestar en el individuo o en otras personas de su entorno social inmediato y tiene un impacto negativo en el desarrollo social y académico

 

Trastorno explosivo intermitente

  • Arrebatos recurrentes en el comportamiento que reflejan una falta de control de los impulsos de agresividad:

  • Agresión verbal o agresión física contra los objetos, los animales u otros individuos

  • La magnitud de la agresividad expresada durante los arrebatos recurrentes es bastante desproporcionada con respecto al estímulo

  • Los arrebatos agresivos recurrentes no son premeditados; son impulsivos o provocados por la ira y no persiguen ningún objetivo tangible

  • Los arrebatos agresivos recurrentes provocan un marcado malestar en el individuo, alteran su rendimiento académico y/o sus relaciones interpersonales,

  • Se presenta a partir de los seis años

Este trastorno de conducta provoca un malestar clínicamente significativo en las áreas social y académica.

 
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Depresión

La depresión es un trastorno mental que se caracteriza por una profunda tristeza, decaimiento anímico, baja autoestima, pérdida de interés por todo y disminución de las funciones psíquicas.

La característica esencial de un episodio depresivo mayor es un período de al menos 2 semanas durante el que hay un estado de ánimo deprimido o una pérdida de interés o placer en casi todas las actividades. En los niños y adolescentes el estado de ánimo puede ser irritable en lugar de triste.

El sujeto también debe experimentar al menos otros cuatro síntomas de una lista que incluye cambios de apetito o peso, del sueño y de la actividad psicomotora; falta de energía; sentimientos de infravaloración o culpa; dificultad para pensar, concentrarse o tomar decisiones, y pensamientos recurrentes de muerte o ideación, planes o intentos suicidas.

Para indicar la existencia de un episodio depresivo mayor, un síntoma debe ser de nueva presentación o haber empeorado claramente si se compara con el estado del sujeto antes del episodio. Los síntomas han de mantenerse la mayor parte del día, casi cada día, durante al menos 2 semanas consecutivas.

El episodio debe acompañarse de un malestar clínico significativo o de deterioro social, laboral o de otras áreas importantes de la actividad del individuo. En algunos sujetos con episodios leves la actividad puede parecer normal, pero a costa de un esfuerzo muy importante.

Por definición, un episodio depresivo mayor no es debido a los efectos fisiológicos directos de las drogas (p. ej., en el contexto de una intoxicación por alcohol o la abstinencia de cocaína), a los efectos secundarios de los medicamentos (p. ej., corticoides) o a la exposición a tóxicos.

Asimismo, el episodio no es debido a los efectos fisiológicos directos de ninguna enfermedad médica.

Síntomas y trastornos asociados

Las personas con un episodio depresivo mayor se presentan a menudo con llanto, irritabilidad, tristeza, rumiaciones obsesivas, ansiedad, fobias, preocupación excesiva por la salud física y quejas de dolor (p. ej., cefaleas o dolores articulares, abdominales o de otro tipo).

Durante un episodio depresivo mayor algunas personas presentan crisis de angustia con un patrón que cumple los criterios del trastorno de angustia. En los niños puede presentarse una ansiedad por separación.

Algunas personas refieren problemas en las relaciones personales, interacciones sociales menos satisfactorias o problemas en la actividad sexual (p. ej., anorgasmia en las mujeres y disfunción eréctil en los varones). Pueden presentarse problemas matrimoniales (p. ej., divorcio), problemas laborales (p. ej., pérdida del trabajo), problemas escolares (p. ej., ausencias, fracaso escolar), abuso de alcohol u otras sustancias o aumento de la utilización de los servicios médicos.

La consecuencia más grave de un episodio depresivo mayor es la tentativa de suicidio o el suicidio consumado. El riesgo de suicidio es especialmente alto para los sujetos con síntomas psicóticos, historia de tentativas de suicidio previas, historia familiar de suicidio consumado o consumo concomitante de sustancias. También puede haber una tasa aumentada de muertes por enfermedades médicas. Los episodios depresivos mayores a veces van precedidos de algún estrés psicosocial (p. ej., la muerte de un ser querido, la separación matrimonial, el divorcio). El parto puede precipitar un episodio depresivo mayor, en cuyo caso se señala la especificación de inicio en el posparto.

 
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Ansiedad

El trastorno de ansiedad generalizada se caracteriza por la presencia de ansiedad y preocupaciones de carácter excesivo y persistente durante al menos 6 meses.

El trastorno de ansiedad debido a enfermedad médica se caracteriza por síntomas prominentes de ansiedad que se consideran secundarios a los efectos fisiológicos directos de una enfermedad subyacente.

El trastorno de ansiedad inducido por sustancias se caracteriza por síntomas prominentes de ansiedad que se consideran secundarios a los efectos fisiológicos directos de una droga, fármaco o tóxico.

La crisis de angustia (ataque de pánico) se caracteriza por la aparición súbita de síntomas de aprensión, miedo pavoroso o terror, acompañados habitualmente de sensación de muerte inminente. Durante estas crisis también aparecen síntomas como falta de aliento, palpitaciones, opresión o malestar torácico, sensación de atragantamiento o asfixia y miedo a «volverse loco» o perder el control.

La agorafobia se caracteriza por la aparición de ansiedad o comportamiento de evitación en lugares o situaciones donde escapar puede resultar difícil (o embarazoso), o bien donde sea imposible encontrar ayuda en el caso de que aparezca en ese momento una crisis de angustia o síntomas similares a la angustia.

El trastorno de angustia sin agorafobia se caracteriza por crisis de angustia recidivantes e inesperadas que causan un estado de permanente preocupación al paciente.

El trastorno de angustia con agorafobia se caracteriza por crisis de angustia y agorafobia de carácter recidivante e inesperado. La agorafobia sin historia de trastorno de angustia se caracteriza por la presencia de agorafobia y síntomas similares a la angustia en un individuo sin antecedentes de crisis de angustia inesperadas.

La fobia específica se caracteriza por la presencia de ansiedad clínicamente significativa como respuesta a la exposición a situaciones u objetos específicos temidos, lo que suele dar lugar a comportamientos de evitación.

La fobia social se caracteriza por la presencia de ansiedad clínicamente significativa como respuesta a ciertas situaciones sociales o actuaciones en público del propio individuo, lo que suele dar lugar a comportamientos de evitación.

El trastorno obsesivo compulsivo (TOC) se caracteriza por obsesiones (que causan ansiedad y malestar significativos) y/o compulsiones (cuyo propósito es neutralizar dicha ansiedad).

El trastorno por estrés postraumático se caracteriza por la re-experimentación de acontecimientos altamente traumáticos, síntomas debidos al aumento de la activación (arousal) y comportamiento de evitación de los estímulos relacionados con el trauma.

El trastorno por estrés agudo se caracteriza por síntomas parecidos al trastorno por estrés postraumático que aparecen inmediatamente después de un acontecimiento altamente traumático

 
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Ataque de Pánico

La característica principal de un ataque de pánico (crisis de angustia) es la aparición aislada y temporal de miedo o malestar de carácter intenso, que se acompaña de al menos 4 de 13 síntomas.

La crisis se inicia de forma brusca y alcanza su máxima expresión con rapidez (habitualmente en 10 minutos o menos), acompañándose a menudo de una sensación de peligro o de muerte inminente y de una urgente necesidad de escapar.

Las personas que sufren ataques de pánico acostumbran a describir el miedo como intenso, y relatan cómo en aquel momento creían estar a punto de morir, perder el control, tener un infarto o un accidente vascular cerebral o «volverse locos». Describen un urgente deseo de huir del lugar donde ha aparecido la crisis. Al ir repitiéndose, estas crisis pueden presentar un menor componente de miedo.

La falta de aire constituye un síntoma frecuente en las crisis de angustia asociadas al trastorno de angustia con y sin agorafobia. Por su parte, la ruborización es frecuente en las crisis de angustia de tipo situacional desencadenadas por la ansiedad que aparece en situaciones sociales o actuaciones en público. La ansiedad característica de las crisis de angustia puede diferenciarse de la ansiedad generalizada por su naturaleza intermitente, prácticamente paroxística, y su característica gran intensidad.

Los ataques de pánico pueden aparecer en una amplia gama de trastornos de ansiedad (p. ej., trastorno de angustia, fobia social, fobia específica, trastorno por estrés postraumático, trastorno por estrés agudo).

Al determinar la importancia de la crisis de angustia en el diagnóstico diferencial de todos estos trastornos, es necesario considerar el contexto en que ésta aparece. Existen tres tipos característicos de crisis de angustia, que se diferencian por el modo de inicio y la presencia o ausencia de desencadenantes ambientales:

Ataque de Pánico inesperado (no relacionado con estímulos situacionales), en las que el inicio de la crisis de angustia no se asocia a desencadenantes ambientales (es decir, aparecen sin ningún motivo aparente);

Ataque de Pánico situacional (desencadenado por estímulos ambientales), donde la crisis de angustia aparece de forma casi exclusiva inmediatamente después de la exposición o anticipación de un estímulo o desencadenante ambiental (p. ej., ver una serpiente o un perro desencadena automáticamente una crisis de angustia)

Ataque de Pánico más o menos relacionado con una situación determinada, el cual tiene simplemente más probabilidades de aparecer al exponerse el individuo a ciertos estímulos o desencadenantes ambientales.

Criterios para determinar los ataques de pánico:

  • Aparición temporal y aislada de miedo o malestar intensos, acompañada de cuatro (o más) de los siguientes síntomas, que se inician bruscamente y alcanzan su máxima ex-presión en los primeros 10 min:

  • Palpitaciones, sacudidas del corazón o elevación de la frecuencia cardíaca

  • Sudoración

  • Temblores o sacudidas

  • Sensación de ahogo o falta de aliento

  • Sensación de atragantarse

  • Opresión o malestar torácico

  • Náuseas o molestias abdominales

  • Inestabilidad, mareo o desmayo

  • Des-realización (sensación de irrealidad) o despersonalización (estar separado de uno mismo)

  • Miedo a perder el control o volverse loco

  • Miedo a morir

  • Parestesias (sensación de entumecimiento u hormigueo)

  • Escalofríos o sofocaciones

 
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Epilepsia y lesiones cerebrales

Epilepsia

La epilepsia es un trastorno en el cual, parte del tejido cerebral está demasiado excitable, en consecuencia, el cerebro genera patrones eléctricos anormales que ocasionan cambios bruscos de atención y comportamiento motor (convulsiones)

La epilepsia puede ser consecuencia de un problema de salud o una lesión que afecte el funcionamiento del cerebro; cuando la causa es desconocida se califica de epilepsia idiopática.

 

Las causas comunes de epilepsia abarcan:

  • Problemas cerebrales de nacimiento (anormalidades congénitas)

  • Lesión cerebral perinatal (ocurre durante o cerca del momento del nacimiento)

  • Trastornos metabólicos presentes al nacer

  • Fiebre en niños pequeños

  • Lesiones cerebrales (traumatismo craneoencefálico)

  • Accidente Vascular Cerebral

  • Demencias

  • Infecciones del tejido cerebral

  • Insolación

  • Tumoraciones cerebrales

  • Vasos sanguíneos cerebrales anormales

Crisis epiléptica convulsiva (Gran mal)

El término de crisis epiléptica o epilepsia se asocia con convulsiones tonicoclónicas que generalmente involucran rigidez muscular seguida de contracciones musculares violentas y pérdida de conciencia:

La convulsión o crisis epiléptica compromete todo el cuerpo. También se denomina convulsiones de tipo gran mal.

Crisis de Ausencias (pequeño mal)

Cambios en el estado de conciencia (estar aquí y ahora); pérdida de la lucidez mental que puede presentarse con momentos de mirada fija o ausencias, falta de conciencia de los alrededores, interrupción repentina en el movimiento, el discurso y otras actividades estando despierta.

La sintomatología epiléptica puede incluir:

  • Desvanecimiento momentáneo, seguido de un período de confusión (la persona no puede recordar un corto tiempo).

  • Cambios en el comportamiento.

  • Salivación excesiva (babeo o espuma en la boca).

  • Movimientos de los ojos (por ejemplo, hacer bizco).

  • Hiperventilación

  • Pérdida del control de esfínteres.

  • Cambio en el estado de ánimo; irascibilidad, pánico, euforia inexplicable

  • Estremecimiento de todo el cuerpo.

  • Caída repentina.

  • Sabor amargo o metálico.

  • Rechinar los dientes.

  • Detención temporal de la respiración.

Mediante la técnica de Neurofeedback, (previo electroencefalograma y mapeo cerebral para localización del foco epileptógenos o actividad eléctrica cerebral anormal) es posible entrenar el ritmo sensorimotor (12-14 Hz) lo cual conlleva a un efecto positivo en el control de las crisis epilépticas.

Lesión cerebral 

Alteración orgánica o funcional que sufre el cerebro y cuyas consecuencias son perfectamente observables y/o medibles en la ejecución motora o cognitiva de un individuo.

Lesión cerebral a cráneo cerrado: es producida por la acción endógena o interna del organismo que afecte la funcionalidad del cerebro mismo; también puede ser producida por la ingesta accidental o deliberada de sustancias o fármacos y puede ser también producida por un trauma mismo sin que exista exposición o pérdida de masa encefálica pero que si afecta la funcionalidad normal del cerebro.

Debe señalarse que el tratamiento con Neurofeedback no elimina daño orgánico por lo que cada paciente con lesión cerebral deberá de sujetarse a un diagnostico multidisciplinario para determinar si es o no candidato a recibir la terapia.

 
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Autismo

El autismo es un grupo de trastornos del desarrollo cerebral, a los que se llama colectivamente el trastorno del espectro autista (TEA). El término «espectro» se refiere la amplia gama de síntomas, habilidades y niveles de deterioro o discapacidad que pueden tener los niños con el TEA. Algunos niños padecen un deterioro leve causado por sus síntomas, mientras que otros están gravemente discapacitados.

  • El trastorno autista (autismo clásico)

  • El trastorno de Asperger (síndrome de Asperger)

  • El trastorno generalizado del desarrollo no especificado (TGD-NE)

  • El trastorno de Rett (síndrome de Rett)

  • El trastorno desintegrativo infantil (CDD, por sus siglas en inglés)

 

Síntomas del TEA

Los síntomas del trastorno del espectro autista (TEA) se encuentran principalmente en tres áreas:

  • Deterioro de la actividad social

  • Dificultades de comunicación

  • Conductas repetitivas y estereotipadas

 

Problemas de integración social

La mayoría de los niños con el TEA tienen problemas para entablar las interacciones sociales diarias. También es pueden tener alguno de estos comportamientos:

  • Hacen poco contacto visual

  • Tienden a mirar y escuchar menos a la gente en su entorno o no responder a otras personas

  • No buscan compartir su gusto por los juguetes o actividades, señalando o mostrando cosas a los otros

  • Responden inusualmente cuando otros muestran ira, aflicción o cariño.

 

Conductas repetitivas y estereotipadas

  • Agitar sus brazos repetidamente o caminar con patrones específicos,

  • Los niños con el TEA suelen tener intereses excesivamente enfocados.

  • Los niños con el TEA pueden sentirse fascinados con objetos en movimiento

  • Pueden pasar largo tiempo alineando juguetes de cierta forma en lugar de jugar con ellos.

  • También pueden molestarse mucho si alguien mueve accidentalmente uno de los juguetes.

 

Problemas sensoriales

  • Muchos niños con el trastorno del espectro autista (TEA) reaccionan con exageración a diversos estímulos

  • Mostrar disgusto o incomodidad ante un contacto suave o ante la sensación de ropa sobre su piel.

  • Experimentar dolor ante ciertos sonidos, como el de una aspiradora, el timbre del teléfono o una tormenta repentina; a veces se taparán los oídos y gritarán

  • No reaccionar ante mucho frío o dolor intenso.

 

Problemas de sueño

Los niños con el TEA suelen tener problemas para dormirse o permanecer dormidos o presentan otros problemas de sueño.

Discapacidad intelectual

Muchos niños con el TEA tienen algún grado de discapacidad intelectual; especialmente las capacidades cognitivas y del lenguaje.

Crisis epilépticas

Casi el 25% de los niños con el TEA sufre crisis epilépticas

Medicamentos

 

No existe ningún medicamento para tratar el TEA en sí mismo; sin embargo, con frecuencia se utilizan medicamentos para tratar problemas emocionales o de comportamiento que puedan tener las personas con TEA, como:

  • Agresión

  • Ansiedad

  • Problemas de atención

  • Compulsiones extremas que el niño no puede parar

  • Hiperactividad

  • Impulsividad

  • Irritabilidad

  • Cambios en el estado anímico

  • Explosiones de ira o cólera

  • Dificultad para dormir

  • Rabietas

 
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Trastorno por Estrés Postraumático

La característica esencial del Trastorno por Estrés Postraumático es la aparición de síntomas característicos que sigue a la exposición a un acontecimiento estresante y extremadamente traumático, y donde el individuo se ve envuelto en hechos que representan un peligro real para su vida o cualquier otra amenaza para su integridad física; el individuo es testigo de un acontecimiento donde se producen muertes, heridos o existe una amenaza para la vida de otras personas

La respuesta del sujeto a este acontecimiento debe incluir temor, desesperanza y horrores intensos (o en los niños, un comportamiento desestructurado o agitado).

El cuadro sintomático característico secundario a la exposición al intenso trauma debe incluir la presencia de re-experimentación persistente del acontecimiento traumático.

Entre los acontecimientos traumáticos que pueden originar un Trastorno por Estrés Postraumático se incluyen (aunque no de forma exclusiva) los combates en el frente de guerra, ataques personales violentos (agresión sexual y física, atracos, robo de propiedades) ser secuestrado, ser tomado como rehén, torturas, encarcelamientos como prisionero de guerra o internamientos en campos de concentración, desastres naturales o provocados por el hombre, accidentes automovilísticos graves o diagnóstico de enfermedades potencialmente mortales.

En los niños, los acontecimientos traumáticos de carácter sexual pueden incluir las experiencias sexuales inapropiadas para la edad aun en ausencia de violencia o daño reales. Entre los acontecimientos traumáticos que pueden provocar un Trastorno por Estrés Postraumático se incluyen (aunque no de forma exclusiva) la observación de accidentes graves o muerte no natural de otras personas a causa de la guerra, accidentes, ataques violentos, desastres o ser testigo inesperado de muertes, amputaciones o fragmentación de cuerpo.

Los acontecimientos traumáticos experimentados por los demás y que al ser transmitidos al individuo pueden producir en él un Trastorno por Estrés Postraumático comprenden (aunque no de forma exclusiva) actos terroristas, accidentes graves o heridas sufridas por un familiar o un amigo cercano, o la constancia de que el propio hijo padece una enfermedad muy grave. El trastorno puede llegar a ser especialmente grave o duradero cuando el agente estresante es obra de otros seres humanos (p. ej., torturas, violaciones). La probabilidad de presentar este trastorno puede verse aumentada cuanto más intenso o más cerca físicamente se encuentre el agente estresante. El acontecimiento traumático puede ser re-experimentado de varias maneras. Normalmente, el individuo tiene recuerdos recurrentes o pesadillas recurrentes en las que el acontecimiento vuelve a suceder.

Especificación

Las siguientes especificaciones pueden utilizarse para concretar el inicio y la duración de los síntomas del trastorno por estrés postraumático:

Agudo. Esta especificación debe emplearse cuando la duración de los síntomas es inferior a los 3 meses.

Crónico. Esta especificación debe emplearse cuando la duración de los síntomas es igual o superior a los 3 meses.

De inicio demorado. Esta especificación indica que entre el acontecimiento traumático y el inicio de los síntomas han pasado como mínimo 6 meses.

Síntomas y trastornos asociados

Los individuos con Trastorno por Estrés Postraumático pueden sentirse amargamente culpables por el hecho de haber sobrevivido cuando otros perdieron la vida. En otras ocasiones las actividades que simulan o simbolizan el trauma original interfieren acusadamente con sus relaciones interpersonales, lo que puede dar lugar a conflictos conyugales, divorcio o pérdida del empleo.

Cuando el agente estresante es de carácter interpersonal (p. ej. abusos sexuales o físicos en niños, peleas familiares, secuestros, encarcelamientos como prisionero de guerra o internamientos en campos de concentración, torturas), puede aparecer la siguiente constelación de síntomas:

  • Afectación del equilibrio afectivo

  • Comportamiento impulsivo y autodestructivo

  • Sentimientos de inutilidad,

  • Vergüenza, desesperación o desesperanza;

  • Sensación de perjuicio permanente;

  • Pérdida de creencias anteriores;

  • Hostilidad;

  • Retraimiento social;

  • Sensación de peligro constante

  • Deterioro de las relaciones con los demás

  • Alteración de las características de personalidad previas.